Comer gambas, champiñones o insectos ayuda a hacer la digestión, pero ¿es necesario?


Casi todos hemos escuchado eso de que conviene tomar mucha fibra. Tradicionalmente se recomienda la fibra procedente de legumbres, frutas y verduras.


Guillermo López Lluch, Universidad Pablo de Olavide


Sin embargo, un estudio reciente subraya los beneficios de consumir asiduamente crustáceos, insectos y champiñones para mejorar las digestiones, aprovechando la fibra que contienen. ¿De verdad aportan algo diferente?

¿Qué es la fibra alimentaria?

Empecemos por aclarar qué es y qué hace exactamente la fibra en nuestro organismo.

Una posible definición de la fibra alimentaria sería el conjunto de carbohidratos que forman parte de los alimentos y, aunque no pueden ser hidrolizados por las enzimas digestivas de nuestro cuerpo, sufren una fermentación parcial en el microbioma del intestino y el colon. Este material glucídico e indigerible por nuestro cuerpo abunda en las plantas, incluyendo verduras, semillas y frutas.

Dentro de esta fibra alimentaria se han distinguido dos grandes grupos: la fibra insoluble y la soluble.

  • La fibra insoluble es la que está formada por grandes polisacáridos como celulosa o almidón, resistentes a la digestión. Estos polisacáridos retienen poca agua y son poco fermentables por los microorganismos del intestino, aunque son los más populares. Cumplen una función importante evitando que las heces se adhieran a la pared intestinal y disminuyendo su consistencia, lo que mejora el tránsito intestinal.
  • La fibra soluble, está formada por otros componentes también indigeribles como inulina, pectinas, gomas o pequeñas cadenas de azúcares que mantienen atrapadas muchas moléculas de agua. Esa capacidad hace que aumenten el volumen de las heces y disminuyan su consistencia, lo que evita el estreñimiento y favorece el tránsito intestinal.

Efectos de la fibra alimentaria para la salud.

El hecho de que se ingieran sustancias que nuestras enzimas digestivas no pueden digerir y que ayudan a mantener las heces hidratadas y menos duras produce muchos efectos beneficiosos.

Estos efectos incluyen evitar el estreñimiento, la diverticulosis o formación de protuberancias en el tubo digestivo que pueden inflamarse llegando a producir diverticulitis. Y al disminuir el tiempo en el que las heces y su contenido pueden afectar a las células del epitelio que reviste el intestino, también previenen la aparición de cáncer de colon o de recto.

Otra ventaja interesante de consumir fibra es que reduce la incorporación de azúcares como la glucosa al torrente sanguíneo, a la vez que disminuye la incorporación de colesterol o triglicéridos a la sangre. Dos consecuencias clave en un momento en que la diabetes, la obesidad y el síndrome metabólico están a la orden del día.

¿Sólo hay fibra alimentaria en las plantas?

Recientemente se ha puesto el foco en otras fuentes de polímeros de azúcares indigeribles por nuestras enzimas digestivas que pueden ser considerados como fibra alimenticia y que se encuentran tanto en hongos como en animales como los crustáceos o los insectos.

Si atendemos a la definición de que la fibra alimentaria, la quitina, presente en la pared celular de los hongos y en el exoesqueleto de los artrópodos, es un polímero de glucosas que no puede ser degradada por nuestras enzimas intestinales y que puede ser utilizada por las bacterias en procesos metabólicos.

Un reciente estudio indica que comer crustáceos, insectos y champiñones puede ayudar a hacer mejor la digestión. Esta supuesta ayuda se debe a que estos alimentos contienen cantidades importantes de quitina, que actúa como fibra nutricional. Pero nada más allá de esta propiedad.

Otros estudios han demostrado que la combinación de quitina y de ácidos grasos omega-3 induce cambios en la composición de la microbiota y posiblemente efectos positivos en la salud humana. E incluso se ha establecido que la ingesta de quitina podría ayudar a pacientes con problemas cardiovasculares a controlar los niveles de glucosa en sangre tras las comidas.

Por ahora la literatura científica no ha aportado nada que nos haga pensar que la ingesta del exoesqueleto de crustáceos e insectos, o de hongos, como fuente de fibra alimenticia sea más sana o más efectiva que la fibra procedente de verduras, frutas o semillas. Por tanto, podríamos considerar a estos organismos como una fuente más de fibra, con efectos prebióticos, ya que modifica la población bacteriana en el intestino pero sin ninguna propiedad extraordinaria frente a otras fibras de origen vegetal.

En cuestión de nutrición, existen miles de fórmulas que se proponen como “saludables”. No obstante, los beneficios de una buena nutrición no dependen de un solo elemento sino del equilibrio de alimentos, de los componentes que necesitamos para las funciones de nuestras células y órganos y de los que producen efectos positivos sobre la salud.

Con una alimentación variada y y rica en verdura, frutas y semillas, los suplementos alimenticios procedentes de insectos, crustáceos u hongos son innecesarios.

Guillermo López Lluch, Catedrático del área de Biología Celular. Investigador asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes., Universidad Pablo de Olavide

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.