Giacomo Centurión Mego conquistó el certamen celebrado en Ecuador con Los Castigos, una creación inspirada en el ranfañote que combina memoria culinaria, ingredientes amazónicos y una interpretación contemporánea de la tradición.
Redacción: Redacción Cocinar es Vida
Editor: Eduardo Schmitz
La gastronomía peruana sumó un nuevo reconocimiento internacional el 12 de octubre de 2026. El joven cocinero Giacomo Centurión Mego, de 20 años, obtuvo el primer lugar en la edición inaugural del Premio Joven Chef de las Américas, celebrada en San Vicente, provincia de Manabí, Ecuador. Su propuesta, denominada Los Castigos, destacó entre las preparaciones de siete finalistas por su capacidad para transformar referencias de la cocina tradicional en una experiencia gastronómica contemporánea.
La creación ganadora tomó como punto de partida el ranfañote, un postre vinculado con la tradición culinaria peruana, e incorporó ingredientes amazónicos y referencias al arte indígena del artista Víctor Churay. La combinación permitió al cocinero construir una propuesta en la que el sabor, la memoria cultural y la presentación artística formaron parte de una misma interpretación.
El concurso fue organizado por el Instituto Internacional de Gastronomía, Cultura, Arte y Turismo (IGCAT) y tuvo como sede la escuela, restaurante y laboratorio gastronómico Iche, en Manabí. La competición reunió a representantes de Perú, Ecuador, Honduras, Costa Rica, Bahamas, Estados Unidos y Martinica, con el propósito de demostrar que la innovación culinaria puede desarrollarse a partir del conocimiento de las recetas y productos tradicionales.
Los Castigos: una reinterpretación del ranfañote peruano
La propuesta de Centurión tuvo como referencia una preparación histórica de la repostería peruana. El ranfañote pertenece al repertorio de dulces tradicionales elaborados a partir de ingredientes sencillos, entre ellos pan, miel de chancaca y otros componentes que pueden variar según la receta y su transmisión familiar.
En lugar de reproducir literalmente esa elaboración, el joven cocinero desarrolló una interpretación propia que incorporó productos amazónicos y referencias visuales relacionadas con la cultura indígena peruana.
La elección resulta especialmente significativa porque sitúa una receta tradicional dentro de una conversación gastronómica más amplia: cómo conservar la identidad de una preparación cuando cambian sus técnicas, ingredientes complementarios o presentación.
Este diálogo entre herencia e innovación también aparece en otras experiencias de la gastronomía internacional. En Brasil, por ejemplo, el chef Alex Atala ha recuperado preparaciones clásicas brasileñas en el nuevo menú del restaurante D.O.M., demostrando que la cocina contemporánea puede encontrar nuevas posibilidades en recetas y productos vinculados con la memoria alimentaria.
En el caso de Los Castigos, el jurado valoró especialmente la profundidad de sus sabores y su conexión con el patrimonio afroperuano. También destacó la capacidad del participante para elevar una preparación de origen humilde sin desvincularla de su significado cultural.
Un concurso donde la tradición debía cocinarse antes de innovar
La primera edición del Premio Joven Chef de las Américas no se limitó a evaluar platos originales. Su planteamiento estableció una relación directa entre el conocimiento de la cocina tradicional y la capacidad de reinterpretarla.
Los siete finalistas participaron en dos pruebas culinarias. La primera consistió en presentar una preparación representativa de su territorio, respetando sus características tradicionales. En la segunda debían desarrollar una versión innovadora que conservara elementos reconocibles de la receta original.
El programa permitió observar dos dimensiones del trabajo gastronómico. Por una parte, el dominio de las técnicas y preparaciones heredadas; por otra, la creatividad necesaria para adaptarlas a nuevas formas de cocinar y servir.
Este interés por mantener vivas las recetas regionales también se refleja en iniciativas como Perú Mucho Gusto Lima 2026, una feria concebida para reunir expresiones gastronómicas de las 25 regiones peruanas y mostrar la diversidad de productos, cocineros y tradiciones del país.
En Manabí, los participantes debían demostrar además conocimientos sobre el origen de los ingredientes, los productores locales y las prácticas de sostenibilidad aplicadas a la cocina.
Los criterios del jurado: sabor, identidad y sostenibilidad
El jurado internacional estuvo presidido por el chef ecuatoriano Edgar León e integrado por profesionales de la gastronomía, la investigación culinaria y la comunicación especializada.
Entre sus integrantes figuraron Laura Rosano, de Uruguay; Lalo Plascencia, de México; Nneka Nurse, especialista en cultura culinaria caribeña; Pia Sörensen, vinculada al programa de ciencia y cocina de Harvard; y la periodista gastronómica española Esperanza Peláez.
Los especialistas evaluaron la calidad gastronómica de las propuestas, la creatividad, la capacidad de explicar la historia de cada plato y el conocimiento de los ingredientes utilizados.
También se consideraron aspectos como la reducción del desperdicio alimentario, la utilización responsable de productos locales y la disminución de plásticos de un solo uso durante el trabajo culinario.
La valoración de estas dimensiones refleja una orientación cada vez más visible en los concursos gastronómicos: reconocer no solamente el resultado servido en el plato, sino también las decisiones técnicas y culturales que permiten elaborarlo.
En España, una muestra diferente de esa búsqueda de creatividad es el Concurso Internacional de Patatas Bravas de Palencia, donde los cocineros reinterpretan una tapa popular mediante nuevas técnicas y combinaciones, conservando su identidad como preparación reconocible.
Honduras y Costa Rica completaron el podio gastronómico
El segundo lugar del certamen fue para Diego Chévez Núñez, representante de Honduras, con Arroz del Sol. El jurado destacó la capacidad de su preparación para expresar la identidad culinaria de la región lenca mediante una presentación contemporánea que conservó los sabores tradicionales.
La tercera posición correspondió a Nicolle Jiménez, de Costa Rica, con Recuerdos del Caribe. Su propuesta transformó referencias de una preparación salada y reconfortante en un postre que combinó sabores dulces, ácidos, picantes y terrosos.
Los especialistas reconocieron particularmente el empleo de ingredientes costarricenses de proximidad y la creatividad de una elaboración que trasladó referencias culinarias tradicionales al terreno de la pastelería.
Las tres propuestas premiadas representaron aproximaciones diferentes a un mismo desafío: utilizar el conocimiento gastronómico heredado para crear platos actuales sin perder la relación con su territorio.
Manabí convirtió el concurso en una experiencia de aprendizaje
El encuentro se desarrolló durante octubre en el ecosistema gastronómico Iche, ubicado en San Vicente, Manabí. Además de las pruebas culinarias, los participantes tuvieron acceso a actividades formativas y recorridos destinados a conocer la gastronomía ecuatoriana.
Entre las experiencias organizadas figuraron visitas al mercado de pescado de Manta, actividades gastronómicas en Portoviejo y encuentros con productores y profesionales vinculados con la cocina regional.
Estas actividades permitieron que los jóvenes cocineros observaran directamente la relación entre los alimentos, sus territorios de origen y las personas responsables de producirlos o prepararlos.
La experiencia también puso de relieve una característica de la gastronomía contemporánea: el aprendizaje profesional ya no depende exclusivamente del dominio de recetas y técnicas, sino también de comprender el contexto cultural y productivo de los ingredientes.
La preservación de ese conocimiento constituye uno de los principales desafíos del patrimonio alimentario. En distintos países, la difusión de recetas tradicionales compite con tendencias digitales que favorecen preparaciones visualmente atractivas, un fenómeno examinado en el análisis sobre la influencia de las redes sociales sobre el patrimonio culinario.
Una nueva plataforma para jóvenes cocineros de América
La edición celebrada en Ecuador representó la primera convocatoria americana de los premios para jóvenes cocineros promovidos por IGCAT, organización que ya desarrollaba iniciativas semejantes vinculadas con regiones gastronómicas europeas.
El certamen se articuló alrededor del concepto Innovation on Tradition, una propuesta que invita a los participantes a innovar sin abandonar los conocimientos culinarios que identifican a sus comunidades.
Durante el programa, los finalistas también asumieron compromisos como embajadores gastronómicos regionales, orientados a promover el patrimonio alimentario y las prácticas sostenibles en sus futuras trayectorias profesionales.
La participación de jóvenes procedentes de siete territorios americanos permitió reunir cocinas con historias, productos y técnicas muy diferentes. Desde las tradiciones del Caribe hasta las preparaciones centroamericanas y sudamericanas, cada participante presentó una interpretación particular de su identidad gastronómica.
Para Giacomo Centurión, el reconocimiento supone un resultado destacado en el comienzo de su trayectoria profesional. Su victoria también concede visibilidad internacional a una expresión de la repostería peruana que no suele ocupar el mismo espacio mediático que otras preparaciones emblemáticas del país.
El primer Premio Joven Chef de las Américas terminó así con una distinción a una propuesta que vinculó el ranfañote, los ingredientes amazónicos y referencias culturales peruanas. Más allá del resultado competitivo, Los Castigos mostró cómo una receta tradicional puede convertirse en punto de partida para nuevas creaciones sin perder su relación con la historia gastronómica de la que procede.
Fuentes referenciales:
IGCAT – Winner of the 1st Americas’ Young Chef Award announced
Premio Joven Chef de las Américas 2026 – Organización oficial
CAF – Primer Premio Joven Chef de las Américas en Manabí

