Día Mundial del Falafel: siete formas fáciles de prepararlo en casa


La fecha celebra un clásico de la comida callejera de Oriente Medio, con versiones de garbanzos, habas, espinaca, remolacha, horno y queso


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

El 18 de junio se reconoce globalmente como el Día Internacional del Falafel, una fecha dedicada a uno de los platos más representativos de la gastronomía de Oriente Medio. Esta preparación, asociada a la comida callejera y a la cocina casera, combina legumbres, hierbas frescas y especias en pequeñas croquetas doradas que pueden servirse solas, en pan pita, con ensaladas o con salsas cremosas.

El falafel tiene raíces vinculadas al antiguo Egipto y, con el paso del tiempo, se extendió por países del Levante hasta convertirse en una preparación popular en ciudades como El Cairo, Tel Aviv y Beirut. Su presencia en distintos países explica también la variedad de ingredientes, texturas y formas de preparación que hoy existen.

La base más conocida se prepara con garbanzos secos remojados, cebolla, ajo, perejil, cilantro, comino, coriandro y bicarbonato. Esa mezcla se tritura, se deja reposar, se moldea en bolitas o discos y luego se fríe hasta lograr una textura crujiente por fuera y tierna por dentro.

Una receta tradicional con muchas variantes

El falafel clásico de garbanzos es la versión más extendida y una de las más fáciles de adaptar a la cocina doméstica. La clave está en usar garbanzos secos previamente remojados durante 12 horas, no garbanzos cocidos, para conseguir una masa firme que mantenga la forma al freír.

Otra versión tradicional se elabora con habas secas remojadas, cebolla, ajo, perejil, comino, pimienta blanca, bicarbonato y sal. Esta alternativa mantiene el espíritu de la receta original y ofrece una textura diferente, con un interior más verde y suave.

Como ocurre con otras preparaciones de la cocina mediterránea, el resultado depende del equilibrio entre legumbres, hierbas, especias y acompañamientos frescos.

Falafel al horno, una opción más ligera

Para quienes buscan una preparación menos aceitosa, el falafel horneado permite conservar buena parte del sabor sin recurrir a la fritura profunda. Esta versión se prepara con garbanzos secos remojados, cebolla morada, ajo, cilantro, perejil, comino, pimentón dulce, harina de trigo, sal, pimienta y aceite de oliva.

La mezcla se procesa hasta obtener una pasta, se forman bolitas, se colocan en una bandeja engrasada y se pincelan con aceite de oliva. Luego se hornean a 200 °C durante 20 minutos, girándolas a mitad de cocción para que doren de manera pareja.

Este tipo de preparación encaja bien con el interés creciente por recetas caseras sencillas, adaptables y fáciles de incorporar a comidas familiares o picadas informales.

Versiones vegetales, sin gluten y con color

El falafel vegano y sin gluten mantiene la base de garbanzos secos remojados, pero incorpora zanahoria, cebolla, ajo, perejil, comino y harina de arroz. Puede freírse o cocinarse al horno, según la textura deseada.

La versión de espinaca suma 100 gramos de espinaca fresca a una base de garbanzos, cebolla, ajo, cilantro, comino, sal y pimienta. El resultado es una preparación de color verde intenso, con sabor herbal y textura crujiente después de cocinarla en aceite caliente.

El falafel de remolacha, por su parte, combina garbanzos secos remojados, remolacha cocida, cebolla, ajo, perejil, comino y harina de garbanzo. Esta variante aporta un color rojizo muy atractivo y una presentación visualmente distinta.

El uso de verduras como protagonistas también dialoga con tendencias recientes de cocina vegetal, donde ingredientes sencillos ganan presencia por su versatilidad, bajo costo y capacidad para transformarse con técnicas simples.

Falafel relleno de queso

Entre las opciones más creativas aparece el falafel relleno de queso. La preparación parte de garbanzos secos remojados, cebolla, ajo, perejil, comino, sal y pimienta. La diferencia está en colocar un cubito de queso feta o queso blanco dentro de cada porción de masa antes de cerrarla y freírla.

El contraste entre la cubierta dorada y el centro cremoso convierte esta versión en una alternativa más contundente, ideal para servir como entrada, aperitivo o plato compartido.

Un plato callejero que también funciona en casa

El atractivo del falafel está en su doble condición: es un ícono de la comida callejera y, al mismo tiempo, una receta posible de preparar en casa con ingredientes accesibles. Garbanzos, habas, hierbas frescas, especias y aceite forman una base sencilla que permite muchas combinaciones.

La fecha dedicada al falafel pone en primer plano esa capacidad de adaptación. Desde la versión clásica hasta las alternativas horneadas, sin gluten, con espinaca, remolacha o queso, el plato conserva su identidad: pequeñas piezas doradas, aromáticas y crujientes, pensadas para comerse con salsas, vegetales frescos o pan.

Su vínculo con ciudades, mercados y puestos callejeros lo mantiene asociado a la experiencia de viajar para disfrutar de la gastronomía local, pero sus ingredientes permiten llevarlo fácilmente a la mesa cotidiana.

Fuente(s) referenciales

Infobae: Día Mundial del Falafel: siete recetas fáciles para disfrutar en casa