← Biblioteca culinaria

Historia del sabor

La revolución silenciosa de las conservas en lata

Edición del

HISTORIA DEL SABOR · 21 de octubre de 2026

Durante siglos, conservar alimentos significaba recurrir a la sal, el secado, el ahumado o la fermentación. La llegada de los envases herméticos y el tratamiento térmico cambió profundamente esa realidad.

Los primeros experimentos

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, el francés Nicolas Appert desarrolló un procedimiento de conservación mediante calentamiento de alimentos dentro de recipientes cerrados. Su método fue reconocido oficialmente en Francia en 1810.

Del vidrio al metal

En 1810, el británico Peter Durand obtuvo una patente relacionada con la conservación de alimentos en recipientes de distintos materiales, incluidos los metálicos. Posteriormente, la producción industrial de latas comenzó a expandirse en Reino Unido.

Una transformación geográfica

La tecnología se difundió por Europa y América del Norte, favoreciendo el suministro de alimentos a ciudades, embarcaciones, expediciones y fuerzas militares.

Cambios en alimentos y métodos

Inicialmente se conservaron carnes, pescados y vegetales. Con el tiempo llegaron frutas, legumbres, sopas y comidas preparadas. La fabricación de envases, el control térmico y los cierres herméticos fueron perfeccionándose.

Impacto cultural

Las conservas contribuyeron a separar parcialmente el consumo de determinados alimentos de su temporada y lugar de producción. También modificaron la organización de despensas domésticas y cocinas profesionales.

La situación actual

Hoy la industria utiliza controles microbiológicos, materiales específicos y procesos térmicos validados. Las conservas comerciales correctamente procesadas pueden almacenarse durante largos periodos sin refrigeración antes de abrirse, según el producto.

Curiosidad histórica

Las primeras latas eran difíciles de abrir y, durante años, se utilizaron herramientas robustas antes de popularizarse los abrelatas específicos.

Conclusión: la conserva en lata no solo cambió cuánto duraban los alimentos: también transformó su transporte, comercio y disponibilidad cotidiana. Una lata abombada, con fugas o deterioro importante nunca debe consumirse.

Contenido conservado de los bloques editoriales de Cocinar es Vida.

Más fichas de esta sección →